Le preguntamos ¿Cuántos años llevas en el sector?
Uf, si echo la vista atrás, ¡ha llovido mucho! Mi aventura en el mundo del ocio y tiempo libre empezó exactamente en 1986. En aquel entonces, mi oficina era una cancha de baloncesto y mi única herramienta, mi voz y un balón.
Empecé como monitor de baloncesto, y fue ahí donde descubrí que mi verdadera vocación no era solo el deporte, sino la capacidad de conectar con los chavales y transmitirles valores a través del juego. Tras casi una década de aprendizaje a pie de campo, en 1995 decidí dar el salto definitivo y fundé la empresa de campamentos y actividades extraescolares Aula Joven. Ya han pasado tres décadas desde aquel inicio, pero la esencia no ha cambiado.
Lo que más me enorgullece de estos años de trayectoria no es el volumen de actividades que gestionamos, sino la familia que hemos logrado construir. He trabajado incansablemente para que este proyecto no sea solo una empresa, sino un entorno basado en tres pilares innegociables:
Confianza y Seguridad: Sé que las familias nos entregan lo más valioso que tienen, y esa responsabilidad es la que me hace supervisar cada detalle.
Cuidado y Respeto: Tratamos a cada niño y niña con la individualidad que merece, fomentando un ambiente donde se sientan escuchados y protegidos.
Cercanía: Al final del día, mi objetivo es que cada monitor y monitora y cada alumno sienta que forma parte de algo más grande, de una comunidad, una familia que se apoya mutuamente.
¿Qué te animó o motivó a crear el campamento?
Es curioso, porque los grandes proyectos suelen nacer de un momento de revelación. En 1995, Aula Joven era prácticamente un proyecto personal; estaba yo solo, pero tuve la suerte de cruzarme con un grupo de profesores de Educación Física que llevaban años organizando campamentos. Al unirme a ellos, se me abrió un mundo nuevo.
Hasta entonces conocía el deporte y las extraescolares, pero el campamento... eso era otra historia. Descubrí que es, sin ninguna duda, el mejor espacio que existe para la convivencia. Allí, lejos de las pantallas y de las rutinas de la ciudad, ocurre algo mágico.
Me enamoré perdidamente de tres cosas que se convirtieron en el motor de mi motivación:
El Entorno y la Naturaleza: Ver cómo el aire libre transforma la energía de los chicos y chicas. La naturaleza no es solo un escenario, es una maestra que les enseña a observar y a calmarse.
El Comportamiento de los pequeños/as: Me fascinó ver cómo cambiaba la actitud de los niños y niñas al estar en contacto con lo natural. Se vuelven más curiosos, más colaborativos y, sobre todo, más auténticos.
La Calidad de los Valores: En un campamento no solo se juega; se trabaja la empatía, la autonomía, el respeto y la superación personal de una forma intensiva que no ocurre en ningún otro lugar.
Desde aquel preciso instante, mi motivación se convirtió en una obsesión positiva: quería que mi empresa fuera la mejor de España. Pero no la mejor en facturación o en tamaño, sino la mejor en el cuidado de los participantes. Mi meta desde 1995 ha sido crear un estándar de calidad donde cada familia sienta que su hijo o hija está en las mejores manos posibles, rodeado de valores y seguridad.

Les preguntamos qué es lo que cree que el campamento aporta a los niñ@s, esto fue lo que nos contestó:
Para mí la respuesta es sencilla: el campamento es magia. Es su momento. En un mundo donde los niños suelen vivir bajo la agenda y las expectativas de los adultos, el campamento se convierte en su propio espacio, su tiempo y su territorio de descubrimiento. Si tuviera que resumirlo, diría que esta actividad no es un simple extra en las vacaciones; es imprescindible para su crecimiento y autonomía. Lo que ocurre allí dentro tiene un impacto que dura toda la vida por varias razones:
Refuerzo y crea valores: No se los explicamos en una pizarra; los viven. Los chavales aprenden a cuidarse entre ellos, a colaborar para que la convivencia funcione y a entender que el bienestar del grupo es tan importante como el suyo propio.
La Desconexión Digital: Es el lugar donde, por fin, se olvidan de las pantallas. Al dejar el móvil a un lado, ocurre algo maravilloso: descubren o vuelven a mirarse a los ojos. Recuperan el arte de charlar sin prisas, de observar el entorno y de estar presentes.
Vínculos Indestructibles: El juego y la convivencia diaria genera nexos de unión y amistades que nunca se van a diluir. Son relaciones forjadas en la autenticidad, sin filtros de redes sociales.
Autonomía Real: Al estar fuera de su zona de confort (pero en un entorno seguro), maduran a pasos agigantados. Aprenden que son capaces de valerse por sí mismos en pequeñas y grandes cosas del día a día.
En definitiva, el campamento significa magia. Es ese paréntesis en el año donde los niños y niñas vuelven a ser simplemente eso.
A la hora de planificar el programa del campamento ¿Qué tipos de factores tenéis en cuenta?
Planificar un campamento no es simplemente rellenar un horario con juegos; es diseñar una experiencia de vida. Como mencionaba antes, nuestra columna vertebral es el cuidado de los niños y niñas. Todo lo que programamos nace de esa premisa: si una actividad no garantiza su bienestar físico y emocional, no tiene lugar en nuestro programa.
A partir de ahí, nos guiamos por tres factores esenciales:
El Protagonismo del Niño: Ellos y ellas son el centro absoluto. No diseñamos actividades para que los monitores/as luzcan sus habilidades, sino para que los participantes descubran las suyas. El programa debe permitirles ser los protagonistas de su propia aventura.
El Equilibrio entre Diversión y Aprendizaje: No entendemos una cosa sin la otra. Cada gincana, cada taller o cada velada nocturna tiene un trasfondo de aprendizaje, aunque ellos solo sientan que se lo están pasando en grande. Buscamos que vuelvan a casa con una mochila llena de risas, pero también de nuevas capacidades, experiencias y valores
La Calidad de la Experiencia: A menudo me preguntan cuál es nuestra actividad estrella y mi respuesta siempre es la misma: no destacamos ninguna por encima de las demás.
¿Por qué? Porque cada minuto del día, desde que se levantan hasta que apagan la linterna, está programado con la misma intensidad y mimo. Queremos que cada momento, ya sea una gran excursión o un rato de charla a la sombra de un árbol, sea potencialmente inolvidable. Nuestro factor principal de éxito es que, al terminar el día, cada niño sienta que ha vivido algo único en un entorno donde se siente seguro, respetado y feliz.
La alimentación durante la estancia del niño en el campamento es algo que interesa mucho a los padres ¿nos podríais contar un poco cómo organizáis el menú del campamento?
En un campamento el desgaste físico es altísimo: corren, saltan, nadan y están en constante movimiento. Por eso, la alimentación no es un trámite, es un pilar fundamental de salud y energía. Para que os hagáis una idea del nivel de importancia que le damos, el proceso de creación del menú es casi artesanal:
Diseño con Mimo y Experiencia: Yo mismo me siento con mis coordinadoras en reuniones exclusivas para tratar este tema. No delegamos esta fase inicial porque queremos que el menú refleje nuestra filosofía: que los niños coman con gusto, de forma sana y abundante.
Aval Profesional: Una vez que tenemos nuestra propuesta basada en la experiencia de años, se la enviamos a un equipo de nutricionistas. Ellos son quienes nos ayudan a equilibrar las cargas de hidratos, proteínas y vitaminas para asegurar que el menú sea nutricionalmente perfecto para la actividad que van a realizar.
Tenemos una obsesión por la Seguridad y las Alergias: Aquí es donde somos más estrictos. El equipo de cocina cuida cada detalle, pero además, existe un protocolo de comunicación diario: el coordinador o coordinadora del campamento se reúne cada mañana con el chef para repasar personalmente el listado de niños y niñas con alergias o intolerancias.
Cada uno de los participantes con alguna alergia sale su plato con nombre y apellidos, son los primeros en entrar al comedor y siempre se sientan en la misma mesa, con sus compañeros, pero siempre en el mismo lugar. La alergia la conoce, el coordinador/a, el monitor/a y el responsable sanitario, tres filtros insalvables que garantizan el éxito.
Control de Trazabilidad: Implementamos medidas de seguridad extremas para evitar contaminaciones cruzadas, porque nuestra prioridad absoluta es que cada pequeño y pequeña, tenga la condición alimentaria que tenga, se sienta seguro y cuidado en la mesa.
En resumen, buscamos que el momento de la comida sea un placer y un motor para el resto del día. Queremos que cuando los padres nos pregunten, podamos decirles con total tranquilidad que sus hijos están comiendo como en casa, o incluso mejor.
¿Cómo recomienda que sea la comunicación entre los padres y el niño durante el campamento?
Este es un tema delicado y muy importante. Mi primer consejo es claro: la comunicación tiene que ser, por encima de todo, positiva. Todos somos humanos y, cuando levantamos el teléfono y escuchamos la voz de nuestro pequeño/a, a veces se nos cae el alma a los pies. Dan ganas de llorar de la emoción o de la morriña, sobre todo si son niños/as de corta edad (porque a los mayores, a veces, ¡casi hay que obligarles a que nos hagan caso entre tanta risa y juego!). Pero ahí es donde los adultos debemos ser el ancla.
Para que esa llamada sea un éxito, os sugiero seguir estas pautas:
Darles seguridad: Si ellos nos notan fuertes y tranquilos, ellos se sentirán seguros. Si los padres se ponen a llorar al teléfono, es inevitable: el niño/a llorará y, creedme, ¡nosotros/as acompañaremos a vuestros pequeños y pequeñas en todo momento para que no se sientan solos.
Refuerzo positivo: No les preguntéis tanto si han llorado o si nos extrañan; preguntadles qué han aprendido, qué monitor o monitora les cae mejor o qué actividad nueva han probado. Reforzad todo lo que han crecido desde que se despidieron en el autobús.
Ser su apoyo, no su carga: Es normal que nos echen de menos, es parte del proceso de madurar. Pero nuestro papel como padres es animarlos a seguir adelante, recordándoles que este es su momento y su espacio.
La frecuencia justa: Recomiendo que la comunicación no sea diaria, sino semanal. El contacto constante interrumpe la inmersión en la convivencia y no les deja aterrizar del todo en la experiencia.
Hagamos entre todos que el campamento sea ese recuerdo de por vida que no se vea empañado por la ansiedad de una llamada. Dejadles volar un poquito; os aseguro que cuando vuelvan a casa, tendrán mil historias que contaros, mil bailes que enseñaros, mil canciones que compartir mil sonrisas de oreja a oreja.
¿Qué crees que te diferencia del resto de los campamentos?
¡Uf, qué pregunta más difícil! Sinceramente, creo que quienes mejor podrían responder a esto son los miles de niños, niñas y familias que han pasado por aquí en estos treinta años. Pero, si tengo que mojarme... aunque suene pretencioso (y prometo que no lo es, es pura convicción), creo que somos el mejor campamento que te puedes encontrar hoy en día. Y lo digo porque sé lo que hay detrás de la cortina. Lo que nos diferencia no es una actividad de aventura de moda, sino tres pilares fundamentales:
La Organización Milimétrica: No dejamos nada al azar. Somos extremadamente organizados porque la estructura es lo que permite que todo fluya y que los imprevistos no afecten a la experiencia del niño.
El CUIDADO con mayúsculas: Esta es nuestra razón de ser. Trabajamos por y para el cuidado de los chavales. No hablo solo de que no se raspen una rodilla, sino de una seguridad emocional. Queremos brindarles un entorno donde se sientan libres de ser ellos mismos, donde se hagan fuertes y refuercen valores que les sirvan para su día a día y para su futuro.
Nuestra Obsesión por su Felicidad: Somos los mejores porque pensamos en ellos las 24 horas. Nuestro objetivo no es entretenerles, es que sean felices. Todo nuestro esfuerzo está volcado en que se sientan alegres, cómodos y escuchados.
En definitiva, no vendemos días de vacaciones; ofrecemos un ecosistema donde el niño/a es el centro de todo. Nos volcamos en su bienestar porque sabemos que, si un niño/a se siente seguro y querido, la diversión y el aprendizaje vienen solos. Ese es nuestro secreto y lo que nos hace únicos.
Desde tu punto de vista ¿qué caracteriza a un buen monitor en el campamento de verano?
Sin ninguna duda, el equipo de trabajo es uno de los factores que más mimamos en la empresa. Para nosotros, los monitores/as no son solo personal de apoyo; son el motor de Aula Joven y nuestra mejor herramienta para alcanzar nuestros objetivos.
Lo que nos diferencia de otros proyectos es algo muy profundo:
Estructura propia y compromiso anual
En nuestros campamentos de naturaleza no verás caras extrañas al mando. Todas nuestras coordinadoras y coordinadores trabajamos en este proyecto durante todo el año. No contratamos coordinadores externos que no conozcan nuestra casa; somos un equipo consolidado que respira este proyecto los 365 días.
Se han criado en nuestras instalaciones, han jugado nuestros juegos y han vivido nuestras veladas, conocen cada rincón y cada actividad, pero lo más importante: conocen nuestra filosofía. Vienen con la lección aprendida de casa: su misión principal es cuidar y hacer felices a los niños y niñas.
Vocación y Corazón: Para ser un buen monitor en Aula Joven no basta con tener un título.
Hay que tener iniciativa, vocación y unas ganas inmensas de aprender. Pero, sobre todo, hay que tener un cariño especial por los chavales/as. Un buen monitor tiene que sentirse cómodo, feliz y contagiado por la energía de los niños/as. Si el monitor/a está contento y disfruta, ese bienestar se transmite de forma natural a cada acampado.
Nuestros monitores lo consiguen cada verano. Ver a un antiguo alumno/a convertido hoy en un monitor responsable, empático y volcado en el bienestar de los más pequeños es, posiblemente, la mayor satisfacción que me llevo como Coordinador General.
¿Cuál es la actividad que más disfrutarías de vuestro campamento si fueras niño?
¡Qué difícil me lo pones! Como te decía antes, en nuestros campamentos cada minuto está diseñado para que te sientas seguro, cuidado y, sobre todo, feliz. Te mentiría si te dijera que una actividad es mejor que otra, porque todas tienen su magia. Pero, si cierro los ojos y me imagino allí como un niño más, creo que hay momentos que me conquistarían por completo serían las veladas nocturnas: Ese ambiente cuando cae el sol, los juegos antes de dormir... me encantarían. Es el broche de oro a cada día.
El momento de la merienda, puede parecer algo sencillo, pero para mí tiene una belleza sin igual. Es un paréntesis de tranquilidad en el que compartiría charlas sin prisas con mis amigos y amigas, riendo y reponiendo fuerzas. Esos ratos de arreglar el mundo con un bocadillo en la mano son los que de verdad crean equipo.
La energía del baile: me dejaría la piel en cada baile y coreografía que montan los monitores y monitoras. Ver esa entrega del equipo te contagia una alegría que no se olvida. Disfrutaría de la piscina, del deporte y de ese contacto constante con la naturaleza que te hace sentir libre.
En definitiva, si fuera niño otra vez, no elegiría una actividad concreta: elegiría vivir un campamento de verdad de esos que dejan huella, con el sello de Aula Joven.
¿Nos puedes contar alguna anécdota que recuerdes de algún campamento?
Es difícil elegir solo una porque cada año hay un millón de historias bonitas que contar, ya que cada sonrisa diaria, cada abrazo, cada baile o cada nuevo descubrimiento de los niños hace que cada día sea un mundo nuevo lleno de felicidad.
Sin embargo, recuerdo con mucha gracia a un chaval de unos 12 años, un chico divertidísimo y con un corazón tan grande como un dinosaurio, aunque era un poco lento para sus cosas. Un día salió de su cabaña para ir a la piscina y apareció con una chancla en el pie contrario y con un pantalón corto que ni siquiera era el bañador. Cuando le preguntamos extrañados que a dónde iba así, nos miró con toda la naturalidad del mundo y nos soltó:
;¡Mira, no encuentro nada, así que me voy a tomar el sol! Nos estuvimos riendo con él un buen rato, le ayudamos a buscar sus cosas y finalmente disfrutó de su sol y de su piscina. Lo más bonito de esta historia es que ese niño hoy es uno de mis monitores estrella; así que gracias, Jaime, por habernos dado y por seguir dándonos tantos momentos inolvidables.
Al final, esa es parte de la esencia de Aula Joven: verlos crecer y que sigan queriendo formar parte de esta familia.
